Mi primer orgasmo
Estabamos hablando cuando todo qued en silencio. Sentados
en el sof ella me miraba con esos grandes y oscuros ojos
negros que siempre me cautivaron. No se cuanto tiempo permanecimos
mirandonos sin expresin alguna; hasta que ella roz con
su mano mi rostro incitndome a besarla.
Fueron besos lentos, como si los dos quisieramos saborear
algo que nunca probamos. Por un instante, sent como todos
mis msculos reaccionaban al adentrarse en mi boca su pequea,
suave y dulce lengua. Sentia como los dos bailabamos fuera
del tiempo y del espacio, despreocupados del mundo q nos
oprima.
Como si nos entendieramos a la perfeccion, los dos decidimos
dejar de besarnos al mismo tiempo. Ahora separados pero
saboreandola todava; nos mirabamos fijamente diciendonos
lo que con palabras no hubiesemos conseguido.
Compenetrados totalmente nos acariciamos el uno al otro
imnotizados por la pasin. Era algo que obligaba a deshacernos
de nuestros atuendos por que cada centmetro q tocaba;
cada milimetro de su piel que exploraba era algo nuevo para
mi.
Mi corazon explotaba de la excitacin contenida. Con la
yema de mis dedos palpe desde su ultimo cabello ondulado,
hasta la punta de su pie izkierdo.
Muriendome por cada curva de su cuerpo en un solo instante
me puse erecto, el mismo en el que me recoste al lado de ella
para compartir mi placer con ayuda de mis dedos
Nuestras lenguas se acariciaban mientras yo trabajaba
consiguiendo que su respiracin fuera mas y mas rapida.
Prohibiendome continuar con un gesto, se subio encima
mia besandome mientras que mi falo rozaba con su fascinante
aparato femenino. Termino de besar con un movimiento brusco
de cuello con el que consigui separar las dos bocas sedientas
de ms. Acto seguido y movida por el deseo cogi mi aparato
colocandolo a las puertas del suyo; y en un instante me sent
dentro de ella, pude ver como espiraba llena de placer por
aquel insignificante momento.
Sin apenas moverse del sitio, comenzo a moverse de forma
tan natural y atractiva que me v obligado a ayudar aquel
movimiento poniendo mis manos en sus lindas posaderas.
Poco a poco el ritmo fue en aumento y de la misma forma sus
pequeos gemidos me hacian enloquecer de placer. Mis manos
temblaban, aquel movimiento aumentaba an la velocidad
y sudando mientras tocba sus pechos; fue en aquel momento
cuando al unisono estallabamos de placer. Expirando y
como si mi corazon se parara recordar ese pequeo instante,
el ms bello de mi vida.
Fatigados pero ya tranquilos nos abrazabamos desnudos,
permaneciendo as hasta el final de mis recuerdos
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