Historias de Un Convento.

Un convento puede ser un lugar oscuro y aburrido o un lugar
caliente o un lugar lleno de esperanza, caridad y amor...
y amor del otro....
Esos son los caminos posibles que puede encontrar un principiante
en su interior. Ese era el caso de Fiona, que no era la hermana
Fiona, pues era principiante y no haba hecho los votos
an. Ella encontr cierta paz porque buscaba el refugio
a los pecados del mundo, a las tentaciones que la asaltaban
de continuo en su propia casa. Apenas hizo su llegada sinti
deseo de pasar su vida entera all.
La madre superiora no poda dejar de observar la carga enorme
que la joven llevaba encima. Que una cierta experiencia
interna torturaba a la muchacha y que era traumtica, era
tan obvio a los ojos de la vieja mujer, y al sacerdote que
le haba enviado a la muchacha para tratar de hacerla confesar
su preocupacin, y as descargar su pena.
Pero no haba caso, no, Fiona segua all, sin expresar
lo que tanto la atormentaba.
Con los das, su cuerpo juvenil y apasionado se calmaba
con los dedos febriles bajo las sbanas. Durante el da
acumulaba tantas ganas como culquier mortal, esperando
la noche para descargarlas. A menudo, con la ayuda de alguna
vela que encontraba por all.


Una tarde de domingo, uno nunca sabe porqu los domingos
tienen esa tristeza anodina, y llevan a la melancola.
Fiona estaba sentada en el patio junto a la fuente, cuando
el padre Anselmo la descubri. Su figura juvenil no se empequeeca
bajo los hbitos, al punto que el padre Anselmo no tard
en tener una ereccin.


-Sabes? Dijo l.- La hermana Cordelia me ha encargado
que hable contigo, porque a todas luces se nota que cargas
con un problema irresoluble.


-Es cierto, padre, pero crame que es algo imposible de
ser confesado.


-Cmo? Nada hay imposible de ser confesado.


El padre, mirando los atributos de la muchacha no ces de
insistir, y la invit a su propia habitacin para profundizar
la charla en absoluta intimidad. Ya en el cuarto los dos
se sentaron al borde de la modesta cama donde habitualmente
dorma el sacerdote.


-Ver, he cometido un pecado tan grande, que no podr seguir
estando aqu si lo confieso.


-Pero qu has hecho nia?


La muchacha casi en llanto apenas poda coordinar las palabras,
mientras el Padre no poda tampoco, debido a que se excitaba
con el prominente busto de la novicia.


-Es que estoy embarazada... Padre.


-Bueno, nio, -ri el padre Anselmo mientras la rodeaba
con un brazo que ms que consolador era posesivo.- Ese no
es un problema de otro planeta, sucede con los humanos.-
Y volvi a rerse.


-No se ra padre, que es serio.


-Bueno, bueno, serio es, pero no para perder la cabeza.



-Es que no me va a preguntar quin lo hizo? dijo ella.


-Ese dato no creo que sea importante...


-Pues s que es importante padre... hizo una larga pausa,
tan larga que el Padre se impacientaba.


-Bueno, bueno, si lo quieres decir dilo, pero sino, no lo
digas y terminemos con el tema del autor...


-Es que fue con mi hermano...


-Qu? se extra el padre.


-As como lo escucha.


-Pues ya que ests cuntame cmo ha sucedido.


El padre Anselmo estaba ms excitado que curioso y anhelaba
saber de esa escena descomunalmente ertica.


-Pues ver. Sucedi una noche. Los dos dormamos en piezas
separadas, pero compartamos el bao, y ste estaba en
la habitacin de l. Yo tengo 23 aos, y lo peor es que l tiene
16. A menudo por las noches senta su cama golpear contra
mi pared, y era que l se estaba masturbando. Lo descubr
una noche en que me levant porque los ruidos me despertaron
y fui a mirar. Estaba completamente desnudo, con sus ojos
cerrados... y... me da vergenza confesarlo...


-Sigue sigue dijo el Padre que no daba ms de calentura.


-... l tena su miembro completamente crecido, era enorme,
y cubierto de una extraa sustancia blancuzca. Yo rpidamente
volv a la cama. Pero aquello me produjo una extraa sensacin
de excitacin y por primera vez en mi vida, sent que me mojaba
ac...


-Dnde? pregunt Anselmo.


-Aqu abajo, entre mis piernas.


-Prosigue. Dijo Anselmo sin perder de vista ese rostro
juvenil y atractivo que estaba por revelar su primera vez.


-Bueno, una noche me levant para ir al bao, haba cierta
luz que vena de afuera. No pude cerrar la puerta porque
Silvio, mi hermano, haba puesto unas cajas contra la puerta,
y si las mova iba a despertar a medio mundo. As que sencillamente
hice pis con la puerta abierta, y con un pequeo boda que
me cubra apenas. El caso fue que estaba despierto, a punto
de realizar una de sus poluciones nocturnas, y su miembro
visiblemente parado. Cuando vi que me miraba me qued dura,
y me dijo: hermanita ven. Y llev mi mano hacia su miembro
cuando me acerqu. Para sorpresa ma ese miembro creca
en mi mano, y cuando quise darme cuenta Silvio me estaba
acariciando las tetas y me arrancaba mucho placer al hacerlo.
Aquello me excit, y no s porqu razn me llev su miembro
a la boca, y en mi boca creca ms. Luego slo recuerdo que
nos revolcamos en la cama, y cuando quise darme cuenta,
ya que me llevaba adelante la calentura, mi hermano me estaba
penetrando y no poda negarme... Padre, el recuerdo de
esa noche me est produciendo calores...
No pudo seguir, el Padre Anselmo la haba rodeado completamente
con sus brazos y la bes impetuosamente en la boca, y apenas
resistiendo, Fiona se quej, a lo que el Padre respondi:


-Si saben aqu de esto que me has contado, llamarn a tus
padres y te pondrn en la calle con toda la vergenza que
eso implica. Pero yo puedo callarme... si me muestras donde
la meti tu hermano.
Y sigui besando, rodeando los pechos con sus manos, haciendo
que Fiona aumentara sus calores y levantara sus hbitos,
entrecorriera su ropa interior para que la boca del padre
Anselmo se apresurara a besar los labios vaginales rosados
y ligeramente inflamados por la calentura. Minutos despus
ambos estaban completamente desnudos, ella mamando el
duro miembro del sacerdote hasta que la puso en cuatro patas
como una perra y la penetr completamente.


-Goza hija, goza, que ya no hay peligro que te embarace.


Pero la escena no qued en la intimidad del cuarto. Los gritos
de Fiona, los gemidos y estertores del Padre Anselmo, todo
rompi el silencio y la quietud del convento.
Tuvieron mltiples orgasmos, nicos, irrepetibles.
Pero dos horas ms tarde Fiona y Anselmo estaban fuera,
en la calle, los dos para continuar por distintos caminos
tras el escndalo armado en el convento.
Y porque los padres de Fiona estaban all tambin, esperando,
y junto a ellos Silvio tambin esperaba a su hermana con
una sonrisa. El menor pareca que habra hablado, habra
contado la historia y los padres haban tomado una determinacin,
ya que ninguno quera que ella continuara en el convento.


Esa noche cuando Fiona lleg a su casa, descubri que su
cama haba sido puesta junto a la de su hermano menor. Desde
ese momento, dormiran juntos.

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