Con Anna ,la Sueca. Segunda parte.
Sigo con la Historia de la Sueca.
Llegamos a Londres cerca del medio da y Anna prcticamente
se invito a pasar ese da y esa noche conmigo. Viajaba a Estocolmo
al da siguiente a las 11a.m. La propuesta de pasar un rato
largo ms me encant. No era solo el coger, aunque sin dudas
que no se haban agotado las ganas, pero adems me intrigaba
el estilo, la soltura y la libertad con la que se manejaba
esta mujer. Es cierto que era antes de los 80, y an el SIDA
era un problema reciente y slo para los cientficos. La
libertad sexual lanzada pblicamente desde Woodstock
y la consigna de Hacerle Amor y no la Guerra, nos precipit
a toda una generacin a experimentar el sexo y la sexualidad
con curiosidad y sin ataduras o tabes.
Bueno, en Hethrow me esperaba un amigo(al que llamar Luis,
para no comprometer a nadie), con el que compartamos la
casa de Hyde Park Mews, junto con la que en ese momento era
su compaera Julia su hermana Marisa, y Yo, instalado provisoriamente
en el Living-Comedor, hasta que me mudara a Colchester
donde iniciara un Master en Filosofa.
Con mi ingls ya fluidificado despus de estudiarlo escolarmente
en la infancia y adolescencia, y un ao y monedas de viajar
sin compromiso por Europa y EEUU desde el 78, compartimos
un alegre almuerzo todos juntos, mis amigos chilenos y
dueos de casa. (Exiliados despus de la cada de Allende.
Desde el principio se not el inters bastante correspondido
de Luis por Ana, lo que me puso ligeramente celoso, preocupado
por mantener el inters de Anna en mi persona. Pasamos una
tarde u una cena todos juntos, salvo Julia que tena algn
compromiso. Las miradas y los juegos de manos entre Anna
y Luis se acentuaron durante la tarde lo que acento mi inquietud.
Pero no obstante al llegar la noche, cada cual se fue como
estaba previsto para sus habitaciones. Luis y Julia juntos
y Marisa a la suya. Mientras Anna y yo nos acomodbamos en
el colchn que oficiaba de cama provisoria para m.
Ambos completamente en bolas comenzamos a acariciarnos
sin premura. Yo comenc deslizando mis dedos por la piel
de su cuello, los lbulos de las orejas que resultaron particularmente
sensibles especialmente si los tocaba con mis labios y
con la caricia de mi respiracin. Un suspiro y la repentina
presin del pubis aterciopelado de Anna contra mi pierna
me pusieron al tanto de sus primeras zonas sensibles. Segu
siguiendo el contorno de sus pequeos y firmes pechos para
detenerme en los botoncitos ya erectos de sus pezones.
--Sin apretar-, me susurr en el odo excitndome un poco
ms, mientras deslizaba su lengua en mi oreja descubriendo
que yo tambin me erogenizaba no slo genitalmente.
Segu bajado para entretenerme en su ombligo mientras
mis dedos se enredaban suavemente en el entretejido de
su triangulito pbico sin depilar. El aroma de su sexo empezaba
a marearme por lo que sin apuro pero sin pausa fui acercando
mi boca a sus labios que estaban ya levemente inflamados
y hmedos. No me dej continuar. De inmediato invirti
su posicin empujndome a un 69, de costado que nos daba
bastante libertad de movimientos. Mientras yo retomaba
mis besos en la puertita de su conchita introduciendo alternativamente
mi lengua o uno de mis dedos; besando suavemente su botoncito
apenas descapuchado, y acariciando solo superficialmente
con la yema del dedo mayor el esfnter cerradito de su ano,
que a su vez me responda abrindose y cerrndose como una
invitacin o una promesa, Anna comenzo haciendose cargo
de mi pija parada y anhelante. Primero suavemente con su
mano como una suave paja, mientras con la otra acariciaba
mis testculos y la zona entre ellos y mi propio ano, hacindome
estremecer de calentura. Despus con una sabidura que
no haba sabido descubrir en nuestro encuentro del Avin,
se dedic con su boca y lengua a lamerme, introducirme y
chuparme hasta casi hacerme acabar. Pero no me dej. Cuando
sinti que estaba a punto, se apart para decirme con una
sonrisa anhelante:
Desde el Avin que la quiero en la conchita. Por favor.
S?-
Siempre listo, hubiera podido decirle, pero me limite
a recostarla de espaldas a la cama. Y arrodillado acercar
mi pija a su conchita hmeda, mientras le pona la almohada
bajo la cola. Juntos, introdujimos mi cabecita en su conchita
para levantarle ambas piernas y apoyarlas sobre mis hombros
con lo que la exposicin y el acceso quedaba enormemente
facilitado. Nuestra excitacin era un infierno. Yo poda
verle la cara a Anna mientras se contorneaba y mova con
gemidos de placer y se deslizaba el pulgar en la boca en una
mezcla imposible de bebito inocente y perversa polimorfa.
Tambin poda ver mi propio sexo como si fuese ajeno a m,
entrando y saliendo como una mquina, brilloso y empapado
por los jugos con los que Anna pareca estar acabando continua
e incesantemente. Pero cuando delicadamente apoy nuevamente
la yema de mi dedo anular en la boquita de su culito, este
se dilat ligeramente como dndome la bienvenida al mismo
tiempo que el gemido de Anna se transformo en un quejido,
casi un grito que anunci su orgasmo. Y precipit el mo
con una intensidad que an hoy, cuando lo recuerdo, no puedo
dejar de excitarme.
Ni nos fuimos a lavar. Quedamos rendidos y dormidos por
varias horas.
Cuando me despert, Anna no estaba en la cama. Pero, dnde
estaba?
Mejor interrumpo aqu para que no sea tan largo y la sigo
en otra.
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