Cancula estival (I)
Mi compaera y yo estbamos de viaje turstico por Madrid.
Era un trrido verano, 40 a la sombra, por lo que toda la
poblacin andaba muy ligera de ropa. Eso me excitava sobremanera,
y slo el cansancio pudo impedir que me avalanzara sobre
mi chica en medio del Museo del Prado. Tras cenar y caer la
noche fuimos al hotel, situado en una amplia avenida del
centro madrileo.
Tras una ducha nos pusimos nuestras prendas ms ligeras
para evitar estar baados en sudor a los cinco minutos,
pero todo fue intil. La habitacin no tena aire acondicionado,
y no soplaba la ms mnima brisa de aire.
Para pasar el rato salimos al pequeo balcn. Eran las tres
de la maana y en la calle slo los ms notmbulos paseaban
sin prisa, intentando sin duda evitar el calor de sus domicilios.
Entonces vimos en la acera contraria a dos jovencitas que
hablaban frente un portal. Eran muy jvenes; no deban
tener ms de veinte aos. La escena era de lo ms tranquila.
Entonces vimos como la chica de pelo ms largo abrazaba
a su compaera y le daba un beso en la mejilla, a lo que sta
respondi reteniendo su cuello con el brazo y besndola
pasionalmente en la boca. Los dos nos quedamos sorprendidos
y yo exclam un "joder", a lo que mi chica respondi
con una sonrisa. En ese momento se percataron de nuestra
presencia y tras dudar un segundo entraron en el portal
desapareciendo de nuestra vista.
Pasados unos minutos estbamos los dos all, sin decirnos
nada. El porro haca rato que se haba consumido, por lo
que fu a buscar una botella de agua. Tras hechar un trago
se la ofrec a mi compaera, y ella se roci el cuerpo con
el agua. Me qued un poco perplejo, pero eso encendi toda
mi excitacin. Me acerqu entoces a ella, recostada en
la barandilla, y le abrac las caderas situndome tras
ella. Me quit la poca ropa que llevaba y le arremangu el
corto vestido hasta los pechos, besndola en la espalda
y lamindola suavemente y sin interrupcin. Pens que
se apartara de all, pero se qued inmvil. Lanz un suspiro
y me acarici en la nuca. Entonces le quit el vestido y le
desabroch el sujetador, que call silenciosamente a
la calle.
Me puse de rodillas y lentamente le baj las bragas, empapadas
de sudor y deseo. Ella separ las piernas y se voli para
mirarme un instante, tras lo cual volvi a dirigir su mirada
hacia la calle. Nuevamente la bes a lo que respondi con
un gemido y se agarr con fuerza a la barandilla. Estaba
claro que no pensaba moverse. Le bes la entrepierna y pas
a su hmedo sexo, hasta que emiti con un leve gemido. Era
evidente que se haba corrido. Pero ni as apart los brazos
de la barandilla.
En el bloque de enfrente se encendi entonces una luz en
una terraza, y vimos que las dos chicas de antes nos giaban
el ojo y nos enviaban un beso. Los dos nos sonrojamos y cuando
cre que entonces se acabara todo mi chica me init a continuar:
"No podemos dejarlas a medias", me dijo. Yo
le sonre y pas a besarla en los pechos, pero ella no se agachaba
y por tanto no me daba lo que a m me tocaba. Por lo tanto volv
tras ella y pas a comerle el culo, con suavidad y destreza
le bes en el agujero prohibido, cosa que no haba hecho
nunca antes. Se estremeci y me pidi ms, por lo que mientras
acariciaba su sexo introduje mi lengua en su ano.
Al principio se contrajo, pero paulatinamente se dilat
y me permiti hacerla vibrar. Solo entones se volvi, agarrndome
de las orejas para ponerme de pi y darme su espalda, con
el culo totalmente en pompa. Al otro lado de la calle nos
observaban, as que nuestras miradas se cruzaron y continuamos
on el juego. Mi chica tena el culo empapado de mi saliba
y de sus propios fluidos, por lo que yo humedec mi sexo y
lentamente se lo introduje. Primero un centmetro, despus
otro y al final todo mi sexo mientras ella clavaba sus uas
en mis ancas. No pudimos contener nuestros sollozos de
placer, por lo que otros curiosos se sumaron al espectculo,
hasta que finalmente me corr dentro del culo de mi chica.
Entonces s que se separ de la barandilla, se agach frente
a m y lamiendo mi sexo sabore los restos de mi semen.
Cuando acab se levant y me bes en los labios, mientras
de la calle nos dedicaban unos aplausos. Me di las buenas
noches y fu a ducharse, apagando por fin la luz de la habitaicin.
Mir al exterior y salud con los ojos a aquellas dos chiquillas
que nos haban contemplado durante tanto tiempo. Corr
las cortinas y yo tambin me fu a la cama.
A la maana siguiente nos encontramos en la esquina con
ellas, y sonriendo nos dieron un vdeo: "Habeis quedado
muy bin. Aqu lo tenis todo, y de regalo como nosotras
hicimos el amor despus". Les dimos las gracias y
nuestros mejores deseos, tras lo que nos invitaron a tomar
el caf esa misma tarde. Pero eso es otra historia.
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